ENSUEÑOS

Capítulo 10: El faro.

Sylvia llevaba tres días recorriendo la orilla de la playa. Seguia analizando porque no tenia deseos de regresar. Había ido a conocer a la compañía de bomberos que había asistido en su ayuda. A los paramédicos del pueblo que le dieron sus primeros auxilios. Estaba agradeciendo pero sentia que era hipócrita porque lo único que deseaba era estar bajo tierra.
Sentada en el capote de su auto un Nissan petrolero de color azul opaco. Observaba el vaivén de las olas. El faro había sido habitado por una familia afuerina que había partido hace un año. Una casa de material sólido había sido construido para ellos. Ahora una mujer habitaba aquella casa. Al mismo tiempo, se encargaba del mantenimiento del faro.
Instrumento de comunicación cuando la marea y tempestad arrasaba y exista una mala comunicación en radio.
Escucho el ruido de las olas golpear los bordes de la gran Roca donde el edificio estaba construido.
La mujer del faro era una mujer mayor de 80 años. Quien se via muy amistosa y animosa. Caminaba en el ante jardin regando sus plantas.
Sylvia solo cerró sus ojos y meditó en silencio. Trataba de recordar sus últimas horas con sus amigos.
Al final se quedó dormida, con la calidez de ese día soleado.
Mientras dormitaba en sus sueños los rostros de sus amigos le sonreían. Estaba recuperando la sensación de comodidad del día a día.
-No es bueno vivir en el pasado-Escucho la voz de un hombre.Que pronto se hizo presente a sus ojos.-Ellos pactaron con mi hermana tu recuperación así, déjalos ir de una vez, niña tonta- Entonces aquel hombre que tomó la apariencia de aquel hombre de la playa Edrian Russo, ordenó a su perro Duque quien se convirtió en un gran lobo que la persiguiera. Sus amigos estaban en una especie de trance, que les quitó la alegría de sus rostros y seguían al hombre en dirección contraria.
Sylvia intentaba escapar del gran lobo, no había lugar donde esconderse. Sentia una gran angustia, sentía los pies pesados y no les respondían. Anhelaba la ayuda de ellos, pero ellos no respondían a su llamado de auxilio.
Entonces en una abrir de ojos el escenario cambió al de un desierto donde dos monumentos se divisaban al final del camino dos grandes edificios con forma de cactus. Ella desvió su mirada y una niña en bicicleta roja pedaleaba aprisa hacia ella. Un gran león se interponía al gran lobo negro.
La niña se detuvo ante ella y le entregó la bicicleta.
-Gracias por hacerme llegar a casa-Le comento la niña- Rescata a tus amigos.-Dicho eso regreso con los dos animales que solo se desafiaban con los rugidos y miradas enfurecidas-Debes cruzar antes del doceavo día aquella puerta.
En el camino fue rodeada por un enjambre de mariposas que pronto le hicieron perder el rumbo. Logrando hacerle difícil la llegada a los monumentos y que dejará la bicicleta.

Ella despertó por el fuerte golpe que se dio al caer del capote. Se vio los raspones que tuvo en brazos y rodillas. Se incorporó y se apresuro a buscar su botiquín.
Regreso a su hotel sin meditar en su sueño.
Diviso un retrato particular que no recordaba haber visto en su cuarto. Estaba en la repisa de noche. Era una pintura del pueblo donde se retrataba en plenitud la esencia del lugar.
Presto atención al detalle que el pintor puso. Nada se le había escapado. Encontró que bajo los cimientos del faro estaba la firma del creador eran símbolos que aparecían cotidianamente
"♧♡◇♤".

Le pregunto a la primera camarera que encontró.
-Creo que debe ir a la galería de arte de la segunda calle.-Respondió la mujer-Es allí donde adquieren todos esas pinturas el hotel.
-¿Es la única galería de arte en el pueblo?
-Creó que sí...se llama "Doble o nada" -Responde la camarera acomodando las toallas en su carrito.-¿Tiene más preguntas ?¿Un cambio de toallas de baño?
-No, no ninguna. Muchas gracias.
-¡Ah, señorita a esta hora, ya se reteriaron a sus casas. Abre solo por las mañanas hasta el medio día!-Grito la mujer al ver que corría por las escaleras que daban a la calle.
Corrió por las calles disculpándose con quienes golpeaba o chocaba.
Aquella sensación de entusiasmo por conocer al artista era muy ilógica. Ella misma se criticaba y se regañaba. Al llegar al lugar vio el candado y cadena en las manijas de las puertas principales. El gran letrero tenía su nombre de madera de roble y con pintura negra y blanca colores de los naipes bajo cada letra los mismos símbolos de los ases se repetían.
-Sylvia ¿qué haces aquí? ¿es muy tarde para disfrutar del arte? -Se dirigió a ella. Pero ella no lo escuchaba ni le prestó atención. Ella seguía buscando una forma de ingresar.
El se acercó y le tocó el hombro. Solo allí se percató de la presencia de Alonso.

Mientras tanto, en la pequeña sala que había al interior de aquella casa. Dos figuras sentadas frente a frente sobre la mesa un tablero de ajedrez donde la pieza reina blanca se enfrentaba a la pieza del alfil negro.
-Jaque mate-Pronuncio Edrian Russo.
-Mi reina encontrará la forma de safarse de tu alfil.-Musito la anciana mujer que cuidaba aquel lugar-Una dama es astuta y vivaz.

Alonso y Sylvia estaban sentados en la barra del hotel bebiendo unos tragos. Observando la pintura.
-Aún no entiendo, que te obsesiono de aquel retrato.-Musito el hombre-Pero cuando a una mujer se le mete algo entre ceja y ceja, no hay nada ni nadie que logre hacerla cambiar de opinión.
-Es cierto-Pronuncia ella, observando su trago-No se que bicho me picó...
-Sylvia, debes buscar algo que hacer ahora que regreses a la ciudad. Un trabajo u oficio. Estar sin hacer nada te tiene así...
-¿Y su hija?
-Mi hija está durmiendo. La dejé al cuidado de una niñera. Hoy quería algo de diversión de adulto.
El hombro se atoró al divisar que quien ingresaba al lugar era su exmujer del brazo de un deportista conocido.
-Creo que hasta aquí llegó.-Cancelando los tragos.
-Comprendo.-Musito ella-Yo también me retiro. Espero que sea mejor padre que hombre.
La editora no se percató de la presencia de Alonso. Quien se perdió hasta de la vista de Sylvia, quién se acercó por mera curiosidad y cortesía a saludarla. La mujer la miró asombrada, la estrechó y le invitó a compartir.
-No, debo volver a mi habitación mis padres aguardan por mi.
-Esta bien.-Anotando a prisa tras una tarjeta de presentacion su número de celular- Llámame a este número. Cambie de editorial, donde tus escritos tienen potencial. Espero que continúes escribiendo.
-Claro, lo hago.-Sylvia supuso que la señora había bebido de más por lo cual no entendia de qué escrito hablaba.-Se despido con beso y un apretón de mano.
-Me alegra verte tan radiante-Le susurró la editora.
Camino por el pasillo al recordar que había dejado el retrato junto a la silla de la editora.
Antes de llegar al umbral del bar, se le acercó el hombre que acompañaba a la editora. Traía consigo el famoso retrato.
Al verla se lo entregó.
-Escuche, que eres una escritora del estilo erótico.¿Que edad tienes?¿Y son tus propias experiencias?
-Al fin di contigo amor.-Alonso se acercó e interrumpió abrasandola amorosamente besándole las mejillas.-Ah, mucho gusto soy su novio...Edrian Russo.
Sylvia no salía de su asombro. El hombre no la soltó hasta atraerla contra su voluntad de la cintura.
-Es una bella pintura-Comento tomando el objeto-Se lo agradesco-Tiene un valor sentimental. Bueno, buenas noches y gracias por devolverlo.
Pero querida despídase del amigo.
Sylvia estaba realmente confundida y solo se le ocurrió seguirle el hilo a las indicaciones del hombre.
Tan pronto estaban lejos de la vista del deportista.
Sylvia decidió liberarse de Alonso.
-¿Puede explicarme su nombre falso y ese teatro?
-No, solo ví que ese tipo quería utilizarte para provocar a Eleonora.
-¿Perdón?
-Sylvia ese hombre no te miraba con buenos ojos. Debiste darte cuenta que miraba tu cuerpo.
-¿Eso es todo?
-No se quien le fue con el cuento sobre que la engañe contigo y que yo te obligué a cambiarte de trabajo.
-¿Qué? Si fuera el caso, me debió enfrentar pero ella actuo de manera educada, cortésmente y amorosa.
-Mira-Entregandole el retrato.- Solo utilizo de escusa para buscar otra mujer. Eleonora lo mandó a freír espárragos al ver como el tipo no te quitaba los ojos al partir.
-Suficiente.-Musito el alcohol en su sangre hizo que perdiera el control de su cuerpo y se desplomara. Alonso la atrapó antes que tocará el suelo.




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